Texto.

Palabras, definame. Díganme ustedes quienes me hacen, quién soy.
Definanme letras.

Usted ante mi, quien me oye, quien me lee. Otro indefinido.
Quien sostiene su vida ante mi.
Persona.

Yo me sostengo también o son ellas, las palabras las que me sostienen.
Letra a letra.
¿Qué soy?
Estas palabras, o este silencio. 

Honestamente, de honestidad no me quedan ni las comas.
Hablando sin tapujos, no creo en la tristeza de nadie, ni siquiera en la mía.
Creo que todo sentir se ha vuelto una moda y no estamos más que aburridos.
Aburridos de nosotros.
Por eso quizás la superficialidad, los amores que no pasan del invierno.
El amor que no sobrevive sin la lluvia, que se apaga a las seis de la mañana.
Cuando hace calor, cuando el atardecer no es tan naranja y no te importa estar solo.

Siento que se nos acabaron las novelas, que ya no hay frase de Benedetti que pueda estremecernos, han hecho de Cortázar un cliché.
Si supiera él que lo llevan en un parche.
No nos quedan razones para hablarnos, todo se volvió frío.
Y cuando aparece, de vez en cuando esa luz aparece, yo sinceramente me quedo mirando y pensando en qué la encendió y qué cosas pueden pasar hasta que desaparezca.

Cuando aparece, enmudezco.