Cada palmo

Siempre sentí cierta fascinación por su espalda. Como su vestido se amoldaba con su cintura. Y cuando se sentaba, su pose la hacía ver siempre tan delicada. Se refugiaba del sol, de la sombra, del frío y de los poetas. Jamás quiso sentirse usada, ser objeto de nadie, pero para su pesar resultaba tener el alma de una musa. Y nunca se lo dije pero inspiró en mi las ideas de una vida maravillosamente estupenda, sin errores, sin conflictos. Sentadas bajo un árbol tomando jugos, simplemente riéndonos de la vida.
Resultó tan distante la realidad.