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Ya no brilla para mi. 
Esa lucecita se apagó y ya no brilla para mi. 
Se mudó a otro cuento, ahora es una bengala. Ayuda a los marinos a encontrar tierra en el estrecho mar que los rodea. 
Ya no está para mi. 
Ahora es luna. 
Es sol. 
Es luciérnaga. 
Es estrella. 
Pero no pasa más por mi día, mi noche, mi océano, mi cielo, mi cuarto, ventana. 
Ella está donde estuvo siempre, yo la apagué y me fui a otro lugar. 
Sin cielo, sin días, noches, sin colores, mares, barcos, ventanas. 
Todo es gris. 

Exilio


Si mis órganos hablaran y pudieran hoy separarse para contar lo que sienten, se pondrían en fila en este escenario improvisado a sangrar y descomponerse hasta convertirse en un material viscoso e inservible que aun llora por una causa perdida. 
Ellos si pudieran hablar, si pudieran irse de mi lo harían. 
Dirían que está muy oscuro y frío donde están. 
Que son condiciones deplorables en las que trabajan. Que ya no quieren trabajar más. 
No para mi. 

Y los entiendo, está muy frío aquí. Muy oscuro y espaciado. 
Se abrió en mi un extenso universo con partículas de asteroides que ya no existen y aun sus restos chocan en el vacío. 
Porque todo dentro de mi, en la oscuridad se choca.