Menos.

Me quemé por partes.
Cada palmo herido se desarma, cenizas. 
Con mi llanto, carbón humedecido que no sirve de nada. 

Y fui, una viva llama. 
Un incendio voraz. O no.
Tal vez fui la primer hoja seca que se consumió con el primer chispazo.

Me creí más importante.
No fui ni el comienzo, solo el alimento del caos.

No faltó el viento que me esparció a empujones. Y me perdí completamente.
No avivé las llamas, ni alimenté mucho al caos.
Solo fui un bocado más, para un torbellino de malas decisiones.

Una contradicción.