20.13

Quizás dentro de un tiempo, olvidaré el aroma de las flores y sus nombres. 
No sabré los colores de las rosas y ellas habrán olvidado también que en algún momento me invadieron violentamente cuando el rocío las despertó alguna mañana.

Olvidar todo, excepto lo que te compone. 

El sabor de tus pétalos humedecidos, la sinfonía cuando las luces se callan.

Mientras miro a un espejo vacío, porque en tu ausencia mis formas perecen, todo de mi busca tu tacto aun si soy yo quien por las noches recorra ese nervio en silencio.
Y aun si soy yo, y no quiera ser.
Hacerlo por mi, el resultado a esa cuota de amor, es el deseo más urgente de no ser yo quien se hunda en la carne.

Cuánta sed me produce la espera. 
Un calendario terminado. 
Realizar aquello que los poetas susurran al oído de sus amantes. 

Ruptura.

A vos no te gustaba hablar y yo estaba hipnotizada con la arena. 
La marea subió y nos ahogamos en sal y silencio.
La espuma te hizo una costra en el pelo y a mi se me llenaron de agua las ojeras.
Me hundí, olvidé mencionar que no sé nadar.
Que no sé flotar. Que odio el mar y la arena.
La violencia del viento.
Toqué fondo y me abrazó el frío. Te vi desde abajo pero la corriente te alejo de mi.

Te leí los huesos, pero no presté atención.

Te leí los huesos mientras dormías.
Me diste la espalda, vigilo tu columna.
Tres costillas y un lunar.
Te besé con ganas, con hambre.
Estaba el sueño delante de mí, pero seguí de largo.
Te miré, no abrías los ojos.
Tus ojeras, lloraste en sueños.
La realidad no será mejor, no despiertes.

Te cuido, no despiertes, vigilo tu sueño, sostengo con mi boca tu respiración agitada, no despiertes, la realidad no será mejor.
La pesadilla pasa, y aquí las nubes forman cuartel, será una noche larga y siniestra.
Ignora este espacio, no hay nada para vos en él.