Tregua y te quedas conmigo.
A los problemas no los invito esta vez.
Quiero que de tus agobios te tomes un par de años.
Soy yo quien te quiere tener.
El miedo va a durar lo que dura un suspiro.
Saco un rato las torpezas para que las puedas disfrutar, no se hace cuanto las guardé.
El silencio y la mirada fija.
Humedad, los labios y esos dos segundos hasta que se nos presentan los besos.
La sonrisa.
El pelo corto. Ni rubio, ni castaño.
Mi sonrisa esta vez.
Y me pongo a examinar el contorno de tu cara. El espacio que te rodea, hasta la luz de la ventana.
Y no pasa nada más que el tiempo acosador.
Y me despego del trance.
Un día más.
Se del lunar que interrumpe tu espalda, nuestros jueves, la parte baja de tu cintura, esa miserable cicatriz.
La zona sur meticulosamente explorada.
Los parques, los colores del día, las horas, el reloj y los viajes en tren.
La incoherencia de las circunstancias. Como te conocí.
De nuevo el tren.
El infinito temor.
Extrañarte.
Y otra vez la despedida.