Interludio.

Y la noche sobre mi cuerpo se aploma, que absorbe de mi la sal. 
Refunfuña el sueño y se va. 
Las horas quedan, bajo mis párpados quedan. 
Y se apilan, se oscurece mi umbral. 
La tierra se hace mía, quizás sea el silencio pero es mía. 
Y todo sobre mi cama también, excepto yo que no me pertenezco. 
Mi vida, que no te atrape el interludio, tiene ver la obra completa. 
Tiene que despertar y quedarse despierto, saboree la noche, como se deshacen las horas en su boca. 
Como marea el rocío su cabello. Si, mire, se despliegan sobre el escenario las estrellas, publicó brillante, distante, ausente. 
Quietos ahora, se aproxima la mañana y no hemos hablado con las nubes.