Abrí mi ventana de par en par y la luz invadió la totalidad, la nada, lo todo. El desierto. La sequedad.
De ahí también bebí el bosque y la montaña.
Y se dio cuenta, todos se dieron cuenta, la necromancia, lo vivo y lo no.
Todo estuvo ahí, presente, en esencia y en mi respirar profundo sobre las páginas de la noche anterior.
Sobre lo que quiero escribir y escapar.
Purgar.