Mil

Cuando depende de mi, todo se imposibilita.
Reencarna, todo en tu vida reencarna.
En cada golpeteo de tu corazón herido, vas juntando segundos de luz matinal para sentir su abrigo en la noche.
Oyes las voces de la mañana, gente que no conoces pero envidias porque la calle que está viva.
Pero vos no.

Llenos los ojos de deseos y de miradas sepultadas.
Y quien en tu plano terrenal, bajo tu cielo gris. 
¿Quién acude a tu voz cuando en tu sueños llamas?

Y si sanaras, ¿Cómo verías a tu cicatriz? ¿Cómo la contemplarías?
Un recuerdo con su textura, tu montaña de lamentos. 


Pleurs.

¿Era una gota?
Era agua. No sé, era sal. 
 Moléculas ¿sabes?
Pequeñas, chiquititas. Así. Bueno, no puedo mostrarte.
Pero era una gota.
Y entró en la piel, en la herida. Ésta, la de acá.
Pero la sentí en todas partes.
Como si me arrancaran pedazos.
Fue horrible, una gota de sal y una herida.
No sé si me lavó la tierra o si me removió de ella.
Era una gota y cayó después otra y una más.
La gota se hizo llanto y el llanto lluvia.
La lluvia lago, el lago vapor y el vapor nube.
Y la herida...está.

Resumes

Del razonamiento.

Relicario 
Cuerpo enjaulador de mi consciencia.
Bajo todo este barro estoy yo.
Mujer, persona.
Cadáver luego, pronto, quizás.
Porque claro, el cuerpo con pulso posee identidad que al frío no le es relevante.
Porque no soy yo yaciendo sin vida. 
Un recuerdo.

Resabios.

Costumbre adquirida de quien intenta mezclarse con otros seres.
He manchado mi esencia con la rutina de lo vivo, ordinario.
yo no puedo ser parte de esto.

Y aquí quien le escribe, es esta parte que está arrepentida de vivir en lo real
o no real, no se sabe.

Pueril.

Entiendo el enojo, entiendo las ganas de soledad, entiendo rechazar hasta tu sombra. 
Entiendo dudar de tu nombre, tu cara y que tu cuerpo sea cuerpo pero no sea tuyo, entiendo que es no ser vos en vos.
Entiendo todo eso.
No entiendo la ausencia, no entiendo el silencio que cae de pronto y se instala. No lo entiendo.
No se que es estar encerrada afuera. 
No entiendo cual es el sentido de todo lo que existe y muere.
No comparto el dolor y el llanto.
No y todo es no.
No hablo de lo que duele, no hablo de lo que falta, no hablo de lo que no sé.
Por eso prefiero no hablarle a nada.
Si mi cuerpo no estuviera tocando este lápiz y este lápiz no se moviera a merced de las palabras que de alguna parte surgen, si no sintiera a este lápiz en mi mano, entonces dudaría de mi existencia.

De mi.

Vaho, neblina. 
En horas como hoy, en penumbras como esta. 
Un ser <<vivo>> como yo. Una existencia tan apagada como la mía, pone en duda su propósito terrenal. 
Rechaza la comodidad inexplicable del destino porque no puede haber tal cosa. 
Carente de fuerza. 
La razón estupida que se le dio a toda razón estupida. "El destino". 
Yo, que tan poco se de la vida como para llamarla mía. 
Tanto supongo de la muerte para imaginarla. 
Tan poco di por amor, y que di todo lo poco de mi para que me sea  devuelto nada. 
(Es asi como me encuentro en la condición de pobreza emocional.)
Disfruto conmigo las más extensas charlas de silencio, dibujando sobre la mesa, lineas deformes de azúcar volcada. 
Y que placer jugar siempre con los restos de algo. 
¿Qué habrá sido de su esplendor cuando fue entero?
Junte cada pedazo de mi carne y la llame vida. 
Junte mis angustias de todos los días y se que serán mi muerte. 
Quedo yo, un pedazo de dos. Un ser. 
Azúcar volcada. Penumbra. 
Quien jamás helo su sangre habiendo amado. 
Anhelo de domingo y que tristeza invasora. 
¿Quién abrió mis emociones?
¿Para qué? ¿Para juntar mis pedazos?
Tan poco se de la vida, de mi muerte. De mi. 
Pedazo de ser vivo que no cree en el destino. 

Te

Te reino sin corona, sin bienes ni nobleza. 
Te reino porque existo. 
Te reino porque soy tu absoluto, en lo que sobre y todo lo que escasea. 
Te reino y me reinas. 
Sin castillos pero con guerras, elección divina, te reino. 
Somos lo claro, lo oscuro y lo inelegible. 
Te pido que me castigues, que me marques tu ser en mi herida y asi mi sangre será tuya y tu marca será mía.
Un solo reino absoluto, castigo y dios. 

Escenario.

Entró la navaja y de ahí nacía la tinta/sangre de los humedecidos renglones. 
El cuaderno sangraba tinta/sangre/cenizas. 
Y con el morían las historias que se creyeron inmortalizadas. 
Tibia escena de domingo, su diario personal apuñalado, chorreándose de tinta/sangre/cenizas/historias/cafés. 
Y el desorden de quien abandonó al tiempo y se envolvió en un final irreversible. 
La cara volteada al tapiz floreado, salpicado el piso, goteado su diario, se suicido con él. 

Nadie nunca.

Aveces me beso los dedos porque te tocaron
Aveces me siento yo.
Uni los párpados pero mis ojos siguen abiertos. Y te ven. 
Guardo rencor a mi piel que no te recuerda. Que se enrojece por el sol y por el frío. 
Que se rompe y sangra. 
Los labios se rompen y sangran. 
Yo me rompo y sangro. 
Yo me rompo y silencio. 
Silencio y nada. 
Nada y yo. 
Yo otra vez, pero sin sombra. En la noche, la oscuridad, con la espalda contra el piso. 
Cuando nada me ilumina, cuando todo nada, silencio, ruido, yo, sangre, vos, piel y frio. 
Y beso mis manos porque te tocaron, te soltaron y te dejaron ir. 

Despertar

Con el primer aire de la mañana respiraría las páginas de la noche anterior, de cuando quise atrapar la suerte. 
Abrí mi ventana de par en par y la luz invadió la totalidad, la nada, lo todo. El desierto. La sequedad. 
De ahí también bebí el bosque y la montaña. 
Y se dio cuenta, todos se dieron cuenta, la necromancia, lo vivo y lo no. 
Todo estuvo ahí, presente, en esencia y en mi respirar profundo sobre las páginas de la noche anterior. 
Sobre lo que quiero escribir y escapar. 

Purgar. 

Fútiles

Mi cuerpo volvió, la carne presente, pero yo no estaba ahí. 
Con el, en el. 
Y la tibieza que emana no es la mía, ese perfume de abril no soy yo. 
Los colores de este cuerpo no me representan, su pulso. 
Reloj, ritmo y señal de vida. 
Y que hay de mi? 
Mi yo sin reloj, sin pulso y sin esa señal. 
No me quedan sus características pero si le hablan a este cuerpo soy yo quien responde aunque no esté en el, paso mis palabras a través de el. 
Fútil vida. 

Interludio.

Y la noche sobre mi cuerpo se aploma, que absorbe de mi la sal. 
Refunfuña el sueño y se va. 
Las horas quedan, bajo mis párpados quedan. 
Y se apilan, se oscurece mi umbral. 
La tierra se hace mía, quizás sea el silencio pero es mía. 
Y todo sobre mi cama también, excepto yo que no me pertenezco. 
Mi vida, que no te atrape el interludio, tiene ver la obra completa. 
Tiene que despertar y quedarse despierto, saboree la noche, como se deshacen las horas en su boca. 
Como marea el rocío su cabello. Si, mire, se despliegan sobre el escenario las estrellas, publicó brillante, distante, ausente. 
Quietos ahora, se aproxima la mañana y no hemos hablado con las nubes. 

Esteban

Se había escondido entre los árboles, lejos, donde las sombras y colores no te permiten ver.
La temperatura no importaba, las necesidades básicas no importaban.
Se había alejado de todo.
Sin embargo, un tenue sonido le llegó abriéndose paso entre las hojas.
Su oído se agudizó y lo sostuvo en su mente por un rato.
Recordó la música y su magia, el calor del fuego, la danza y por último a las personas.
Siguió al sonido que lo había invitado a distraerse de la soledad.
Caminaba con urgencia, como si llegara tarde al momento que esperó toda su vida.
Y pudo ver, los colores, las luces, la música y su magia.
Pero no pudo avanzar más, estaba mirando al pasado y no quiso volver ahí.
Estaban las personas y no quería estar ahí.
Volvió a adentrarse en el bosque y buscó refugio en las estrellas, solo que esta vez se alejó aun más.